Adiós a Parenthood

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Hace tanto tiempo que no escribo que mi comeback he decidido hacerlo con una despedida. Diciéndole adiós a una de las grandes series de los últimos años: Parenthood. Y si sois un poco pejigueros, os advierto que voy a soltar spoilers si me apetece.

Parenthood no empezó bien. Era un remake de una película de Ron Howard de la que ya habían intentando hacer una serie fallida, una de sus productoras murió rodando el piloto y después, Maura Tierney tuvo que abandonar debido a un cáncer. Pero poco a poco logró convertirse en una de las pocas luces dentro del agujero negro en el que estaba metida la NBC. Tampoco es que haya salido del todo pero, vaya, hay esperanzas todavía.

Ojo, Parenthood siempre ha estado bien vista por la crítica pero es de esas series que, injustamente, no ve ni el tato. Cada final de temporada sufriendo por si la serie iba a volver o no. Y es que es una serie de familias, de esas que la gente que se la coge con papel de fumar cree que es un culebrón y no saben relajarse e intentar ver más allá.

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Los Braverman son un gran clan, de esas familias que se te meten hasta por donde no quieres y que quieres que te adopten ya. Por eso daba un poco igual lo que hiciesen, sus errores y hasta la pesadez de alguna de sus tramas (el festival del Asperger, ese amor imposible entre Lauren Graham y Jason Ritter o ese tiempo que me obligaron a aceptar que Joel y Julia no estaban juntos). Tú les quieres igual.

Y es que hay que estarle muy agradecido a Jason Katims por habernos regalado esta última temporada como lo ha hecho. Desde el principio decían que moría alguien y cada capítulo era un sin-vivir, pero lo hizo tan bien, que hasta con los ojos llenos de lágrimas por la muerte de Zeke no pude más que darle las gracias. También por ser un hombre de costumbres y decidir invitar a medio reparto de Friday Night Lights. Esa sorpresa en el último momento al ver aparecer a Scott Porter es un sueño fridaynightliano hecho realidad. Dicen que cuando a Mae Whitman le dijeron que Amber no acababa con Ryan (Matt Lauria, Friday Night Lights, of course), contestó que si no era así, ya le estaban trayendo a Tim Riggins o a Jason Street. Piel de gallina, amigos.

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Parenthood nos ha regalado el comprobar que Mae Whitman es una jefaza como la copa de un pino, el regreso del gran Craig T. Nelson (Coach forever), entender por qué Kristen Bell se enamoró de Dax Shepard, perdonar a Monica Potter por Patch Adams y enfadarme porque no le dieron un Emmy por ESA temporada, amar a Ray Romano, la gran pareja televisiva que eran Julia y Joel (amor incondicional para Sam Jaeger), y la grandiosa pareja real que son Lauren Graham y Peter Krausse (wet TV dreams).

Hay que dar gracias por que, después de todos los sustos cancelatorios que nos dio la NBC, nos dieron una última temporada para que todo quedase bien cerrado en una de esas ya clásicas escenas elípticas Katims, con música y kleenex, donde te lo explica todo sin mediar palabra y te da directo en todo el corazón. Braverman forever.

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