El maestro William Daniels

Aunque seáis de los que hace tiempo que abandonasteis Grey’s Anatomy, estoy segura que sabréis apreciar todavía los pequeños placeres que te da la vida. Y si sois de los que aún disfrutáis de este culebrón al que no hay que hacer preguntas ni reproches, seguro que aplaudisteis con frenesí al ver aparecer en vuestras pantallas al gran William Daniels.

Estoy segura que Shonda, al verle interactuar al final de la octava temporada con Sandra Oh, decidió in situ que de un plumazo, homenajearía al génesis del drama médico y a todos los fans, regalándonos la amistad y el paso del testigo del Doctor Craig Thomas con Christina Yang. Regalarnos a William Daniels ha sido un guiño gigante a St. Elsewhere (o como la conocimos en Catalunya: A cor obert), la madre de todos los culebrones de médicos. Mirad esta foto y refocilaos con todas estas caras conocidas. Y, sí, es Denzel Washington.

A los que le tengan tirria a Grey’s Anatomy por ser un culebrón, con historias poco creíbles y actores demasiado guapos, pensad que Shonda no ha inventado nada, y que aunque parezca prehistoria respetable, ya en los ’80, St. Elsewhere era una puñetera locura, que encima acabó siendo todo una invención de un niño autista mirando un bibelot con el St. Eligius dentro. Tócate. Y no hay nada más retorcido y rocambolesco que David Morse sea violado en un lavabo en plena rebelión de una cárcel. ¡1985, señores!

Yo, por un momento, creí que Shonda contrataría a William Daniels como regular, y que el Dr. Thomas acompañaría a Yang de vuelta al Seattle Grace. Sueños de una fan de la televisión… Sueños… Como que, a lo mejor, al final Shonda decida hacer el homenaje definitivo a St. Elsewhere y todas las idas y venidas de Grey’s Anatomy al final sean todo una invención de Izzy, de la época en la que se follisqueaba a fantasmas en su cabeza. Estaría dispuesta a aceptar eso con tal de que contratasen a William Daniels.

Y no os olvidéis jamás de que este hombre fue la voz original de K.I.T.T. en El coche fantástico, y eso es tocar un techo difícil de superar.

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