Nikita, ahí que vamos

Estamos contentos por la renovación de Nikita, ¿verdad? Sí, lo estamos. Y mira que no las tenía yo todas cuando comenzó la segunda temporada y dejamos de jugar a los agentes dobles. No pasa nada, en Nikita decidieron marcarse un constante “ahí que voy” (o “quemar trama”, si preferís) para acabar su segundo curso habiendo pasado casi por todo. Algunas cosas les han salido mejor que otras, esto es así, pero también es justo afirmar que no les ha quedado ni cansino ni patillero. Bueno, entendedme, Nikita es una serie tipo spy-fi, por lo que patilladas en forma de hackeos imposibles, patadas acrobáticas y bombas supersónicas están a la orden del día, pero han avanzado sin las estridencias de las que nunca se libró Alias, por ejemplo, y conste que en parte amo Alias por ellas.


Revenge is sweeter when is doubled. Como se entere Emanda se lía parda.

¿Quién nos iba a decir que Maggie Q sería capaz de soltar patadas y lágrimas con la misma efectividad? Bien por ti, Nikita, que has pasado de vivir sola en un apartamento sin muebles a compartir una bonita casa con tu novio espía y tus amiguitos, y es que Nikita no solamente suelta estopa, también ha aprendido a cargar con el peso de su nueva familia y de su pasado. Vale, no es que de repente Nikita sea un raudal de profundidad emocional, pero oye, a mí me han llegado.

También ha habido momentos en la segunda temporada en que podía imaginarme perfectamente a Nikita, Michael, Alex, Birkhoff, y eventualmente Sean y Ryan todos juntos en Disneylandia. Pero está bien, hasta resulta reconfortante la formación de esta pseudo familia de espías rollo Equipo A pero a lo pijo. Recordemos que Michael perdió a su familia, Alex se ha pasado media temporada intentando recuperarla para luego seguir junto a Nikita, y la misma Nikita ha tenido que enfrentarse a lo más parecido a unos padres que ha tenido: lo de Carla no resultó nada bien, con Amanda aún no ha acabado, ni mucho menos, y con Percy se ha marcado un Luke Skywalker.

Regresar a Division ha sido como cuando Luke entra en la cueva de El Imperio Contraataca o se enfrenta a Vader en El Retorno de Jedi. Nikita tenía también que enfrentarse a su pasado y a su “padre” Percy, y aunque hubo patadas de las buenas, la lucha con Percy acabó siendo más emocional que física. Ambas batallas las ganó Nikita (gracias, fue un gran final de temporada), y lo mejor es que tendremos una tercera tanda para ver cómo juegan nuestros amigos espías con las nuevas normas.

Nuevas normas, ¿nuevos malos? Con Percy fuera del mapa (hasta que no se demuestre lo contrario) bien necesitan un villano que de la talla. Percy ha sido un enemigo tremendo, en todos los sentidos, que cuando a mí me da por comparar a alguien con Vader es que se lo merece. La forma en que maquinó su regreso a Division durante la segunda temporada le hizo ganar para siempre el título de villano al que admiras, y no puedo evitar pensar que su marcha ha sido algo descafeinada, aunque quizás está bien que no vuelva y evitar así la tentación de convertirle en una caricatura de villano. Vale, y no olvidemos que al fin y al cabo el final de la segunda temporada bien podría haber sido el final de la serie y que en este tipo de series nadie muere nunca del todo. Lo que está claro es que Amanda aún coletea (la de Amandas turbias que hay por ahí) y que hay un grupo de gente ultra malosa que van a tener que demostrar que son suficientemente malvados como para que Percy decidiera unirse a ellos después de las molestias que se tomó para regresar a Division. Pinta bien.

Por cierto, mención especial al aumento de besuqueos y tontadas románticas en los últimos capítulos. Parece que alguien de la CW se pasó por allí y les dijo que o se tocaban más o les racionaban los balines. Hasta Birkhoff pilló cacho, oye, aunque yo me sonrojé un poco (y no para bien) con el jugueteo Alex-Sean. En fin, que aprovechen que en otoño van a estar distraidos. Here we go again, ¿no? Pues eso.

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