Smash en la calle 42

Se dice que algo es un smash cuando tiene muchísimo éxito, vaya, cuando lo ha petado. Smash también es el título de un libro de Garson Kanin que transcurre entre los bastidores de una producción musical. Smash, la serie, no es una adaptación de Smash, el libro, pero se dice que el señor Spielberg pensó en un título así atraído por la susodicha novela.

Spielberg pensaba en una serie tipo “detrás de”, como en su día hizo The West Wing, a la que se está comparando mucho con Smash, y no solamente por su argumento, por cierto. Es curioso que, de hecho, la única aproximación al teatro que había tenido Spielberg hasta el momento fuera ejercer de productor de The Farnsworth Invention, una producción de Broadway creada por el amigo Sorkin sobre la guerra de patentes que generó la invención de la televisión. Todo esto no me lo invento que lo explican aquí: A House of Mirrors Called Smash.

¿Será Smash un smash? Más de uno en la NBC estará cruzando los dedos para que lo sea. Bueno, y para ser justos, también hay que reconocer el esfuerzo publicitario previo. Las malas lenguas de Hollywood afirman que se han gastado la friolera de 22 millones solamente en promoción. Fuentes oficiales dicen que solamente han sido 10. Pues vale. Lo cierto es que si vives en los estados juntitos parece ser que el “taladro” (de buen rollo lo digo) ha sido considerable. Y sí, en la NBC siguen cruzando los dedos, porque ahí está el relativo temor a que Smash no sea un producto de masas, algo que atraiga grandes audiencias (y en consecuencia no sea rentable), aunque la crítica lo alabe y sí que atraiga premios (bueno, eso ya lo veremos). Otros confían en que si Smash no atrae a las masas, como mínimo ayude a la NBC a recuperar esos espectadores urbanitas y super guays que tenían en los tiempos de Frasier o The West Wing (otra vez The West Wing), con el beneficio para la imagen de la cadena que eso implica. Todo esto tampoco me lo he inventado, lo explican aquí: NBC’s ‘Smash’ Gamble: How the Network is Spending Big to Lure Viewers. También es interesante este artículo en el que repasan lo que puede ser de Smash tanto si es un smash como si se queda a medias o si sigue el camino de Lone Star (los dioses de Broadway no lo permitan).

Hombre, habiendo visto el piloto, mi humilde opinión es que Smash está a años luz de Lone Star. Vaya, Lone Star me dejó totalmente indiferente y con Smash estoy que no puedo parar de canturrerar Let me be your star. Pero cierto es que servidora es muy, pero que muy de musicales. Eso sí, no negaréis que en el piloto se marcan algunos números que rozan la maravilla, y tampoco negaréis que la historia resulta interesante. A los que son de mi calaña ya nos tienen, y en el caso de los que no lo son, los creadores esperan que se sientan atraídos por la historia de la pueblerina que quiere triunfar en Broadway, interpretada por una adorable y queridísima en los estados juntitos Katharine McPhee. Por cierto, la otra, la rubia, Megan Hilty lleva tiempo rondando Broadway. Así, por ejemplo, fue una de las Glindas de Wicked.

Y no puedo acabar sin antes explicaros que precisamente la historia de la chica de pueblo que llega a la ciudad con la sana intención de triunfar como la coca-cola es lo que hizo que viendo el piloto de Smash no pudiera dejar de acordarme de 42nd Street, un musical donde también ficcionan la preparación de otro musical, Pretty Lady, y es Peggy, una pueblerina de Allentown, la que llega a Broadway y acaba destronando a la vieja gloria. Yo tuve la suerte de verlo hace unos diez años, en lo que era un Broadway revival del original, que se estrenó en 1980. Ahí va el número que se marcaron para los Tony del 2001:

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42nd Street también es una película de 1933 cuya coreografía creó Busby Berkeley, un señor que siempre tuvo clarísimo el medio para el que trabajaba, es decir, el cine, y se inventaba esas coreografías multitudinarias, elaboradísimas y locas que miradas desde arriba parecían calidoscopios gigantes.

Ya acabo, y os dejo con mi canción preferida de 42nd Street: The Lullaby of Broadway que, a mi entender, dice mucho de la brillantez de Broadway y, por qué no, también de Smash. Es del original de 1980, y sí, el señor es el padre de Baby.

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