Locuras en el círculo secreto

Como este parón navideño me está matando, hoy he decidido rememorar otro de los mejores estrenos de la temporada, desde mi más cutrepeich opinión, por supuesto. Porque se trata de The Secret Circle, una cosa horrorosa, deliciosa y abominablemente divertida. Uno de los placeres culpables más puros que existen hoy en día. Ya que me robaron injustamente mi amada Hellcats, la CW me debía una buena basura. Y ha cumplido.

Adolescentes con poderes y hormonas incontrolados y guiones de Kevin Williamson, os puede dar una idea de lo que se cuece en The Secret Circle. Puesto que los temas de vampiros y hombres lobo ya estaban siendo ampliamente explotados, la CW se ha decantado por otra saga de novelas juveniles de L.J. Smith (autora también de The Vampire Diaries) para dar rienda suelta a la brujería adolescente. Me encantan estas situaciones de jovencita desconcertada llega a pueblo pequeño y se le comunica que es una bruja de la más selecta estirpe y que de ahora en adelante practicará brujería con su nuevo círculo. Ey. Y tan anchos todos.

Lo que más me chocó de entrada fue la putiferización de Britt Robertson en menos de un año. No sé si soy yo, pero cada vez que la miro, me da la sensación que se ha puesto labios, tetas y que va demasiado corta para vivir en un pueblo del norte. En fin, me hago vieja. También me sorprendió que el señor voy-del-palo-alternativo Thomas Dekker, se rebajase a hacer una serie de esta calaña. Pero supongo que hasta las modernas tienen que comer de vez en cuando. Pero vaya, que entre estos dos, un poco de morralla actoral y unos muy bien elegidos Gale Harold y Natasha Henstridge como perrísimos padres, The Secret Circle cuela bastante. Mención especial a Phoebe Tonkin, que pasa de ser sirenita en H2O a bruja frescorra y que a mí me parece la versión actual y bastante digna de Fairuza Balk.

The Secret Circle vendría a ser la hermana pequeña (y un poco tonta) de The Vampire Diaries. Misma escritora, mismos showrunners, misma cadena. Lo que le falta para tener el éxito que tienen las Crónicas Vampíricas es un poco más de mala leche y más carnaza. Y por carnaza entendemos tíos y tías buenas en un ambiente erótico-festivo. Y de eso, The Secret Circle va un poco falto. Thomas Dekker, lleva un rollo emo que no pone nada, el que iba de malote (Louis Hunter) se lo ventilaron en dos capítulos porque vieron que tenía un carisma nulo (aunque salía en todas las fotos promocionales), y al nuevo que han traído para hacer de macho alfa (Chris Zylka), es un poco cara-cartón. He leído por ahí que cuando la serie vuelva este próximo jueves, recibiremos con los brazos abiertos a un antiguo miembro de Friday Night Lights. Espero que Grey Damon tenga más papel aquí, la verdad.

Aquí hay uno que sobra…

Todavía tienen margen para mejorar, pues es de esas series que estoy segura que estarán con nosotros durante mucho tiempo. Espero que empiecen a enrollarse entre ellos rápido y, sobre todo que empiecen a hacer magia de una puñetera vez, que si no, no sé yo para qué narices les han dado poderes. En eso, The Secret Circle se queda un poco a medio gas. Como que quiere dar miedete, pero de momento da un poco de risa todo el tema, por mucho oscurantismo adolescente que le quieran meter. Pero lo que sí me pone los pelos de punta es que cada episodio acabe con esta musiquita que me hace recordar a los niños cantores de Freddy Krueger.

p.s. Viendo las aberrantes fotos promocionales de The Secret Circle, he recordado que tengo que hacer un post sólo para analizar los posters imposibles que saca de la manga año tras año la CW. Investigaré, lo meditaré y os lo regalaré en breve.

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