Once upon a time

Este domingo los chicos de ABC estrenan Once Upon a Time, una de esas series que quieres con todas tus fuerzas que te guste pero que al mismo tiempo (y quizás por eso) te da más miedo que la extinción del café con leche. Vaya por delante, por si alguien aún no lo sabía, que en esta parte de la casa lo fantástico y los cuentos de hadas molan, cosas como las categorías de Propp son un must y hubo desolación con la cancelación de The Legend of the Seeker.

 

Está claro que no puedo más que alegrarme de la incursión de lo fantástico en terrenos televisivos antes reservados exclusivamente a polis, médicos, abogados, familias disfuncionales y demás, por no hablar del repentino amor cinematográfico por Blancanieves: ¿dos versiones? ¿en serio? Y aunque las esperanzas que tengo puestas en Grimm son más bien nulas, de verdad deseo que Once Upon a Time no se estampe en su intento de explicarnos cómo el mundo de fantasía se mezcla con el real teniendo como protagonista a la hija de Blancanieves y el Príncipe Encantador, es decir: Jennifer Morrison. Por cierto, Ginnifer Goodwin es Blancanieves y Robert Carlyle vuelve a interpretar a alguien que necesita toneladas de terapia.

Afortunadamente, los que ya han visto algunos capítulos no están en el baño dándolo todo. Los responsable del asunto, Adam Horowitz y Edward Kitsis, resultan ser dos ex-lostianos, dato que podría ser preocupante a la larga, pero que por ahora parece estar controlado. Dicen que llevaban pensando en algo así desde sus tiempos en Felicity (apuesto a que pensaban en la adorable Keri Russell como heroína del faraway land), pero no fue hasta que acabó Lost (y ya podían utilizar la coletilla “de los guionistas de Lost”) que se decidieron a tirar pa’lante.

Por cierto, muy fan desde ya del niño que se metió con January Jones

Como pasaba en Lost, al menos al principio, cada capítulo de Once Upon a Time se centrará en un personaje, alternando el “mundo real”, donde los personajes de fantasía están atrapados sin recordar que proceden de un cuento, y el “mundo fantástico” que, dicen, está bastante “disneyzado” (no en vano esto es ABC), aunque también dicen que no resulta cutre, gracias a todos los dioses, enanitos y princesas.

Otros “guiños” a Lost los encontramos en la hora en que han quedado “atrapados” los personajes de cuento en el mundo real, que no es otra que las 8:15, y la futura presencia de Alan Dale, el mismísmo Charles Widmore, en alguno de los próximos episodios, aunque esto no sé si cuenta como guiño, por mucho que interprete al padre de alguien, que Alan Dale es casi omnipresente.

Eso sí, los “peros” que he leído repetidamente en más de una review tienen que ver con dudas sobre si es una serie capaz de responder a largo plazo, o si no sería mejor haber montado una miniserie al estilo syfy, y con esto volvemos a los problemas de poner lo fantástico en el mainstream, que más de uno podría pensar: ABC, ¿para qué te metes? En fin, lo sabremos a partir del domingo, ¿no?

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