La vida en el Combat Hospital

Para el teligioso, el verano es una época en la que te pones al día con series postergadas del invierno y descubres nuevas series ligeras que, en general, alguien ha considerado poco aptas para el competitivo calendario generalista de otoño. Canales de cable a parte, por supuesto, que a estos los demográficos les importan más bien poco y prefieren crear marca que pelearse por las marujas teleadictas.

Este es el caso de Combat Hospital, una serie que probablemente no pasará a la historia ni de su propia cadena, pero que a me ha hecho el verano más llevadero. Y mira que ya es extraño, porque a mí, los temas de la crudeza de la guerra en general me perturban el sueño. Quizá me ha gustado porque en el fondo no deja de ser un drama médico ligero en Afganistán, porque, no nos engañemos, por mucho retrato de los tiempos de guerra que quieran hacer, Combat Hospital se parece más a Grey’s Anatomy que a Generation Kill.

De todos modos es difícil de comparar, pues no tiene ni la intensidad de un Generation Kill, ni el humor inteligente sobre la realidad de la guerra como un M.A.S.H., ni los suficientes enrollajes y tocamientos como Grey’s Anatomy. Se podría decir que, en cierta medida, Combat Hospital sufre el mismo mal que sufrió la fallida Off the map, el no saber exactamente dónde encajas y navegar sin rumbo entre géneros. Pero mientras que Off the map daba una vergüenza ajena extrema, Combat Hospital, sale con dignidad de esta indefinición. Básicamente porque sus personajes son entrañables y porque están todos liderados por Elias Koteas, uno de los actores fetiche de Atom Egoyan y un tipo de esos que te roba cualquier escena sólo con estar dentro de plano.

No hay que olvidar, que la serie no es ni un deshecho propio de la ABC. Si no que es de esas cosas que una cadena tiene en el armario criando polvo y que un día decide que llene un vacío suelto en la parrilla. ¡Y encima es una serie canadiense! O sea, de tercera regional. Quizá ese es uno de los motivos por los que la ABC ni se moleste en renovarla. Si lo hiciesen, que harían bien hecho, podrían aprovechar para darle más carnaza a la que se supone que es la protagonista (de quien apenas sabemos nada), que se empiece a enrollar con gente y que vuelen los cuernos sobre Kandahar. Siempre nos quedará la esperanza de que a los canadienses les haya hecho mucha gracia y que decidan alargarla para que la podamos ver los cuatro matados que la seguimos. Y es que, si una serie tan cutrepeich como HawthoRNe ha tenido 4 temporadas, Combat Hospital se merece al menos un par.

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