Jenny from the block

Anda que no es raro comenzar un post sobre Jennifer Lopez hablando de la BBC, pero es que cuando el pasado noviembre visité el sacrosanto edificio de White City, la guía que nos explicaba esos entresijos de la BBC que cuentan a todos los turistas añadió algo así como que a Jennifer no la quieren ni ver por allí, que ha sido el invitado más problemático que han tenido nunca, que les hizo forrar de blanco la sala de reuniones más grande que tienen porque el camerino le parecía una cutrez, y que es la única persona, junto a la señora reina y otra celebridad británica que no pillé, cuyo coche ha penetrado en la rotonda del centro del edificio, básicamente porque Jenny no quería caminar, como hacen el resto de invitados, como los Beatles y eso (porque los Beatles son ingleses y perfectos).

Lo que tienen de cierto todas estas historias, no lo sé, pero que Jennifer Lopez se ha granjeado una fama de divona de tomo y lomo, eso en indiscutible. Pensar que ella y su culo estuvieron prometidas con el que ahora tiene dos hijas con Jennifer Garner me pone la piel de gallina. Divona caprichosa y perra del infierno a la que los chicos de American Idol ya se acercaron en su búsqueda desesperada de jueces hace unos meses. Parecía que la chica quedaba descartada porque pedía el oro y el moro, como corresponde a cualquier diva que se precie, pero dicen que al final accedió a sentar su bonito trasero en la silla de juez por unos míseros 12 millones al año. En serio, no es tanto, Ryan Seacrest cobra un par más, pero sabéis qué, pues que worth every penny, babies.

Sería injusto afirmar que la recuperación de American Idol después del declive que iba acumulando últimamente es gracias a Jenny, ni siquiera gracias al dúo fantástico Jennifer Lopez/Steven Tyler. También han influído otras cosas, como que los concursantes no desafinaran constantemente, por ejemplo. Chúpate esa, Simon. Que por cierto, Ellen es fantástica para unas cosas, pero como jueza, pues apestaba, esto es así.

Total, que mientras el mundo se preguntaba de qué palo iría Jenny, si de soft o de hard perrilla, la chica se preparaba para el golpe perfecto, la interpretación de su vida: una lágrima por aquí, un not this time, baby por allá, una sonrisa que derretiría a Walternate por el otro lado, un breakdown milimétrico durante los cástings… y chim pum, os presento al nuevo ángel americano, todas las semanas en American Idol.

Una situación win-win, como dicen ellos, porque de paso Jennifer Lopez ha conseguido una publicidad para su nuevo disco (tres hurras por el regreso de la lambada) que ni de coña habría tenido sin estar ahí, detrás del mega vaso de coca-cola. Que no, que no es número uno, pero no puede quejarse. Well played, Jenny, acabas de protagonizar la mayor metamorfosis del mundo del espectáculo y todos queremos abrazarte aunque sabemos que si nos picas moriremos lenta y dolorosamente. Well played.

Os dejo con la nueva novia de América (sí, está un poco mayor para eso, pero los tiempos cambian y los cuarenta son los nuevos veinte) hace un par de días con Jay Leno y su debut con los New Kids on the Block que se remonta a dos décadas. Cuánto trabajo ha tenido el peluquero de esta chica:

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