Amo The Vampire Diaries

Hay muchas series que veo y nunca acabo comentando y después me sabe mal porque realmente me han gustado. O no me han gustado nada, pero ya se sabe, soy una vaga. Y este es el caso de The Vampire Diaries, una de las series más adictivas de la temporada pasada y una de las que menos me atrajeron en un principio. Así que aunque sea mal y tarde, se merece un reconocimiento desde esta santa casa.

Cuando empieza la temporada siempre me lío con los pilotos y se me acaban quedando atrás cosas que después amo con locura. Así que gracias a todas las alabanzas que oí y el bullying constante de Crítico en Serie, al final me vi obligada a retomarla. Y desde entonces nuestra historia de amor ha sido preciosa y ahora todo lo que pase en Mystic Falls me parece de lo más lógico y normal. Hasta tal punto que les amo a todos a pesar de que al principio son potencialmente odiosos. Todos ellos. Al principio no entiendes cómo es posible que, una chichinaba como Nina Dobrev sea la rompecorazones que trae a todo el pueblo de culo, pero la tía consigue que hasta nosotros nos enamoremos de ella, hasta el punto que cuando se desdobla en la malignísima Katherine, nos parezca lo más creíble del mundo.

Lo mismo pasa con Ian Somerhalder y Paul Wesley. La belleza de Somerhalder, como siempre, te hipnotiza y te hace creer que no habrá Elena que se le resista, pero no es así. Lo que acaba pasando es que por muy fan que puedas ser de Damon y sus hijoputeces, el espectador acaba apostando incondicionalmente por el amor entre Elena y Stefan. Y mira que a la caracandado de Paul Wesley me costó cogerle el punto. Pero es que ahora, amigos, le encuentro irrestible.

Y es que en temas de machoalfismo, The Vampire Diaries tiene para dar y regalar. Pues acompañando a Wesley y Somerhalder tenemos a Matt Davies, en el papel del totalmente prescindible Alaric Saltzman. Un macho alfa imprescindible con el nombre más absurdo de la serie. Y con nombres como Stefan y Damon Salvatore eso es decir mucho. También están el proto-hombre lobo Michael Trevino y su recién llegado tío, Taylor Kinner (un grandísimo acierto), uno de los protagonistas de mi añorada Trauma, que sólo yo veía, por supuesto. Zach Roerig, me parece un blandurrio y no tengo palabras para Steven R. McQueen, que es el típico hermano molesto y pseudo-torturado de la protagonista. Porque, por muy nieto que sea del enormísimo Steve McQueen, este chico tiene el carisma de mis zapatillas de ir por casa.

Está claro que cada serie (película o novela) de vampiros tiene sus propias normas. Unos pueden ver la luz del sol, otros brillan, unos fornican como salvajes y otros sienten amores inquebrantables. Y en The Vampire Diaries tenemos todos los papeles de la obra: vampiros (buenos, malos y recién convertidos), hombres lobo, brujas novatas, anillos salvadores, anillos solares, familiares cabrones y todo un sinfín de elementos imprescindibles para conformar un buen culebrón. Porque, admitámoslo, nos encontramos delante de una buena serie. Buen casting, buena narración y ausencia de grandes cagadas que nos hagan replantearnos todo el sentido de la televisión actual. Parece que Kevin Williamson vuelve a la carga. No os voy a engañar; yo siempre amé Dawson’s Creek hasta en sus momentos más decadentes.

De regalo os dejo con un vídeo de calidad pésima, que forma parte de los extras del DVD de la primera temporada de la serie y donde Nina Dobrev nos explica no sólo cómo fue su casting, sino también el odio inicial de los fans de la saga porque iba a convertir a Elena en morena. Qué drama, ¿no? Pero vaya, como estoy generosa, aquí os dejo las tomas falsas y aquí una pequeña lista de spoilers de lo que está por venir en esta segunda temporada.

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