MI ODA a MIOBI

Mis miércoles han quedado vacíos sin Make it or Break it y estoy tan desolada que tengo que compartirlo.

Make it or Break it

Sigo insistiendo en que Make it or Break it es una maravilla indescriptible. Y alguien habrá por ahí que a estas alturas ya piense que en esta casa nuestras madres no nos dieron el pecho tiempo suficiente. Vale, pero Make i or Break it sigue siento una joya, oro puro, maná de los dioses.

Y no es que a MIOBI le pida menos que a otras series. Le pido exactamente lo mismo: que me entretenga. Y lo hace. Mucho. Ok, hay series que te entretienen tipo placer adulto en forma de bombón de chocolate negro relleno de praliné o trufa y envuelto en papel dorado, y otras series lo hacen en forma de M&Ms de colores rellenos de almendra. Las amo a todas.

Make it or Break it girls

Pero es que Make it or Break it me ha tenido este verano en un sinvivir, cual culebrón de cualité, dándole vueltas a la farola con lo de siempre: que si Lauren Tanner es una completa y total perra del infierno, que si ahora resulta que lo es un poquito menos pero no, que si Ellen Beals se pasa tres horas maquillándose todas las mañanas para ocultar que es la bruja mala del oeste, que si Sasha Beloff pretente presentar su candidatura a que le canonicen o algo, que si Summer lee la biblia mientras le hacen la manicura, que si Kaylie Cruz ha perdido su diadema de princesita en alguna parte, que si Payson Keeler va a dominar el mundo o no…

Pero especialmente, muy especialmente, que si Emily Kmetko por fin puede creerse que es capaz de patear el culo a cualquier pija de The Rock y ganar un platino olímpico si eso pudiera ser, además de beneficiarse a cualquiera de los moscones que siempre revolotean a su alrededor y hacer que su familia viva en la casa de ensueño de la Barbie destellos.

Lo que os decía, un sinvivir.

Y luego nos dejan con esa especie de summer finale, que yo ya no sé si es final del temporada, o la han partido, o dónde narices comienza una y acaba otra, pero creo que de repente se dieron cuenta de que tenían que hacer un final y la liaron parda.

Porque lo de Kaylie lo veíamos venir, y lo de Payson fue el momento embrace your destiny que no podía faltar, pero ¿hacía falta que a Lauren le surgiera una crisis de la nada justo antes de la competición, para superarla de repente y brillar como las estrellas cuando lo que se merece es vivir en Mordor limpiándole los poros a cuantos orcos?

Sasha and Summer

Otro momento surrealista: Summer pasándose al lado oscuro después de su visita a la iglesia con las bragas mojadas. En serio que deseé que apareciera por ahí la tía Becky y le explicase cuatro cosas, entre ellas que Sasha Beloff es un dios del olimpo y punto.

No tengo palabras para lo psicotrópico de la aparición del padre de Sasha, pero tres hurras por el momento MIOBI meets Hill Street Blues. Exagerado, sí, pero también lo es que unas niñas con dos kilos de tetas de más en cada lado puedan hacer la croqueta en el plinton, y no nos quejamos. A ver cómo sale Emily de esta, porque esta chica me tiene tan preocupada que he tardado una semana en superar el último capítulo.

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