Elecciones irreverentes

Mi revisionado fantasbuloso de la semana ha sido Election, que MacGuffin ya llevaba tiempo avisando que es el verdadero referente de Glee, a pesar de que aún hay bocachanclas por el mundo que de repente escupen cosas como que primero fue High School Musical y luego Glee. ¿En serio hay alguien que después de haber visto Glee tiene los santos bemoles de compararla con High School Musical? Y no me malinterpretéis, soy la primera que desconecta el teléfono cuando ponen HSM en el Disney Channel, y canto sus canciones, y me emocioné con el final de la tercera (la segunda fue un poco bodrio, la verdad), pero poco tienen en común. Vale, sí, cantan. Y ya.

Y es que lo que mejor define a Glee es más lo que toma de Election que lo que hereda de High School Musical. Irreverencia, humor, dobles sentidos, irreverencia, sutilezas nada sutiles, loosers, irreverencia… Vale, sí, y también cantan.

En Election, Tracy Flick (Reese Witherspoon) es claramente Rachel Berry, y Paul Metzler (Chris Klein) un evidente proto-Finn. El devoto profesor queda en manos de Matthew Broderick, y lo que los mueve a todos no es el Glee Club, son las elecciones para presidente del comité escolar. En general, un total y absoluto acierto de casting.

Luego está el guión, ácido como un sour candy que desintegraría las orejas de Mickey. Basado en una novela de Tom Perrotta y adaptado por Alexander Payne, que eso ya dice bastante de por dónde van los tiros. En los estados juntitos la certificaron como R (restricted) por tener escenas con sexo, diálogos con sexo y uso de drogas. En España es para mayores de 13 años (un rombo vintage, seguramente).

A tanto no llega Glee, que para algo no es HBO sino Fox, y todos sabemos que los niños ya tienen ipods de muy jóvenes, pero también queda a años luz de los productos Disney para niñas enganchadas a Patito Feo. No lo podría definir mejor el título de esta entrevista a Chris Colfer.

Y como las comparaciones son odiosas y ya tenemos la mirada corrompida, lo que me faltó en Election fue precisamente la alegría que los números musicales aportan a Glee, porque una cosa combina perfectamente con la otra y casi hasta me parecen inseparables (irreverencia-canciones, se entiende). Por eso, acabo con mi respuesta a esas voces que hablan de sobrevaloración (grrrrrrr) y Glee en la misma frase: que nos quiten lo bailao, y haced el favor de no lloverme encima.

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