Rob Lowe, suma y sigue

Ya sabéis que dentro del grupúsculo (enorme) de obsesiones que tengo, una de ellas es Rob Lowe. Y me obsesiona no porque a pesar de que pasen mil años este hombre siempre estará ultra-bueno, si no por sus bizarras decisiones laborales, todas ellas fruto de su ego desmesurado. Y es que estoy convencida de que todas sus cagadas se deben a que es una divona de tomo y lomo.

Lo que está claro es que Rob es un actor excelente y no sólo por sus dotes interpretativas si no que, sea por el motivo que sea, cada vez que aparece en pantalla, la audiencia se queda enganchada. Y quizá este es uno de los motivos por el cuál aunque haya hecho mil cagadas, siempre haya sido capaz de renacer de las cenizas, cuál Ave Fénix actoral. Los ochenta fueron la edad de oro de Rob Lowe. Amigo de la infancia de Charlie Sheen y Emilio Estévez (con el que se acabó peleando al casarse con la ex -novia de este), protagonizó algunas de las películas más míticas de la época y fue uno de los primeros y más importantes sex symbols de la historia. Hordas de fans le acosaban como ahora hacen con los Jonas Brothers o Justin Bieber. Compaginaba su relación intermitente con Melissa Gilbert, con relaciones sonadas con Natassja Kinsky, Grace Jones, Brooke Shields o Estefanía de Mónaco. Todo iba viento en popa hasta que en 1988, rompió definitivamente con Gilbert (ella dice que él la dejó al saber que estaba embarazada – aunque casualmente lo perdió antes de que nadie lo supiese-) y saltó el escándalo del video porno casero con dos tipas frescas, una de ella menor de edad. Horreur.

Moooi fuerte

Durante años el público se olvidó de lo mucho que le amaban hasta que empezó a tener pequeñas apariciones en películas de éxito como Wayne’s World o Austin Powers, y triunfar como el ídolo sexual de menopáusicas que es en TV Movies y pelis de Lifetime en general. Hasta que en 1999 apareció Aaron Sorkin y le propuso en papel protagonista en una pequeña serie de la NBC. El ala oeste fue el gran éxito que todos sabemos, pero como al final resultó que el papel de Rob Lowe no era el protagonista que él esperaba, tras la cuarta temporada se desligó de su mejor papel hasta la fecha. Error de Divona. De ahí se lanzó a producir y protagonizar sus propias series. Series malas como The Lyon’s Den (con Elisabeth Mitchell y Kyle Chandler) y Dr. Vegas (con Sarah Lancaster y Joe Pantoliano). Errores, claro. Y después uno de sus mayores errores quizá, decir que no cuando le ofrecieron el personaje de Derek Shepherd en Grey’s Anatomy.

Y es que Rob no sabe ser un actor secundario. Con lo que él ha sido. Mira, no lo soporta. Aunque cuando fichó por Brothers & Sisters por un momento pensé que soportaría formar parte de un reparto coral. Habiendo visto el final de esta temporada está claro que no. A Rob le gusta volar sólo, ser el cabeza de cartel, ser la diva de la función. Y, como siempre, me volví a cabrear con él. Qué va a ser de mi serie, la serie que vio como subían sus audiencias ante la aparición de Rob Lowe, la serie que va a sufrir un cambio radical que puede ser que aparezcan 50 Walkers más.

¿Rob Pitt?

Pero los últimos movimientos de Rob me tienen desconcertada. ¿Estará aprendiendo la lección? ¿Será posible? Todavía no me puedo creer que Rob Lowe salga en Parks and Recreation. Por mucho que yo ame a Amy Poehler, no me imagino un compañero más extraño para ella que Rob Lowe. Y el caso es que no está mal. Porque, como os he dicho antes, Rob es un buen actor. Y lo mejor, en breve le veremos en Californication, haciendo un papel al que no nos tiene acostumbrados, si no hemos visto ninguna de sus cintas caseras pseudos-eróticas. Está claro que Rob quiere salirse de los clichés y de lo que estamos acostumbrados con él. Ya que estoy acostumbrada a que se comporte como un ególatra y abandone todas mis series favoritas, ya no sé qué puedo esperar de él.

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