El Gran Hermano eterno

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Resulta que la 11 edición de Gran Hermano ha sido una de las más vistas de la historia, cosa que refuerza la idea de que el formato no está para nada caducado. Pero lo más sorprendente de este hecho, para mí, es que ha sido una edición larga hasta la extenuación, la más larga de la historia. Supongo que viendo el éxito en las audiencias, sobre la marcha han decidido ir alargando el cotarro para exprimir un poco más a los concursantes. Total, ¿tienen algo mejor que hacer?

Y encima, por fin parece que Zeppelin ha aprendido de los realities para hacer un All-Stars, aunque ellos se empeñen en decir que no es un All-Stars y que realmente es un “Reencuentro”, lo que van a hacer esta noche es recuperar a viejas glorias del concurso y volver a meterlas en la casa. Pero como aquí las cosas las hacen deprisa, corriendo y de noche, seguro que les sale una cutrada. Aunque, tranquilos, que la voy a ver igual. De entrada dicen que el experimento durará de 10 a 100 días, dependiendo de las audiencias del programa. Y, para más inri, todavía no se han puesto de acuerdo en qué gente va a volver a entrar en la casa de Guadalix. Dicen que entre 10 y 15, de los más polémicos de las 166 que ha pasado por el concurso, tienen la oportunidad de volver a entrar para saldar sus cuentas pendientes. Entre los nombres que se barajan están Arturo (pitoduro), Indhira (la persona más irritante que he visto en mi vida), Inma (la drag queen), Kiko (el trepa de Sálvame), su entonces novia Patricia (andaluza escalofriante), Bea (la legionaria que lloraba viendo cabras), Nicki (el primer transexual) y Aída Nizar, persona deleznable donde las haya, pero que dicen que la han descartado porque se filtró que iba a ser una de las elegidas.

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Si esta aventura les sale bien, que saldrá, casi seguro que acaba justo cuando empiece Gran Hermano 12 y des este modo los españoles podremos vivir en un edredoning eterno. Y es que está claro que si algo funciona, sigue haciéndolo y que los concursantes están deseando tener otros 15 minutos más de fama y tener la opción de convertirse en figuras mediáticas como muy pocos han conseguido (Kiko Hernández, Marta López, Carlos, el Yoyas…). Asumámoslo, la vida del gran hermano es corta, pues se limita a lo que puedas sacar de ir por los platós mientras dura el tirón que, en general, es poco. Si eres mujer, enseñar las peras en Interviú y, con el dinero que has acumulado abrir un bar de copas que, con suerte durará año y medio, antes de que hasta los borrachos del barrio se olviden de ti. En una ocasión oí decir a un ex-concursante, que después de lo que se había visto de él en la tele, no le querían dar trabajo ni en Zara.

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Yo no me quejo, por supuesto, que ya sabéis que me gustan estas farándulas. Sólo pido dos cosas, la primera es que, por favor, tengan piedad de mi y no hagan el concurso tan largo, pues llega un punto que ya no sé quién me cae bien o mal o ni tan sólo si me importa y se me fascinan cosas como la rajeta de Tatiana. Y, por lo que más quieran, que no me vuelvan hacer pasar el calvario de tener que soportar cada día al baboso de Gerardo, al que no tendrían que dar ni un minuto más de platós. Por mi bien y por el de la España que él tanto menciona. Porque de Merceditas Milá no me voy a quejar, amigos. Porque Mercedes es una parte indispensable del engranaje granhermanístico; un personaje al que nos encanta odiar. Ella sigue con sus trajes regionales, sus hortalizas, su feminismo malentendido y su lucha antitabaco. Desquiciante, por supuesto, pero Mercedes es así. Eso sí, cuando echen a alguien que le caiga mal, que le den un Trankimazin. Aunque, si es argentino, seguro que al final le acaba pegando un morreo. Ay, nuestra Mercedes…

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