De garrulismos y beatificaciones

Salvame

La semana pasada nuestra amada televisión nacional alcanzó las más altas cotas de bizarrismo y grandeza al mismo tiempo. Por supuesto gran parte de esta película se desarrolló en el plató del Sálvame. No soy capaz de expresar mi fascinación por este programa. Claro que el programa hace uso de la casquería barata y bla-bla-bla y telebasura y no-se-qué pero, ¡qué grande que es, narices!

Hay que admitir que Jorge Javier Vázquez ha digi-evolucionado hasta convertirse en un presentador brutal. Un presentador de lo suyo que sabe perfectamente lo que hace. O sea, que el sabe que lo que trata es casquería fina y no se esconde. Eso es tenerlos bien puestos. No como Jordi González o Emma García, que van de dignos por la vida mientras se revuelcan en charcos de caca. Lo que empezó siendo un programa de relleno que venía a dar soporte al resto de la programación, se ha convertido en uno de los buques insignia de la cadena con un formato que muchos empezarán a imitar. Un modelo a seguir, como otrora fuesen Crónicas Marcianas o Aquí hay Tomate. El plató del Sálvame (diario y deluxe) es una locura donde cualquier cosa puede pasar: reciben llamadas personales en directo, se van a merendar, se cierran en el lavabo y, lo más bizarro, se ponen a cantar. Para mí el cúlmen de este karaoke fue Karmele Marchante cantando el himno de Cataluña, el cual, por supuesto, cantó mal. Por lo que veo Karmele se ha convertido en nuestra embajadora en Madrid. Y eso, amigos, sí que me da miedo.

Salvame

Yo, por si no lo imaginabais ya, soy Team Belén Esteban a tope. Porque me encantan los animales televisivos y ella es una monstrua. Ni Jesulín, ni Campanario ni tías Lalys bingueras, la Esteban ha llegado a un punto que puede hacer lo que le salga de las narices, porque el pueblo la ama, la odia y la teme a partes iguales. Y eso, señores, muy poca gente lo ha alcanzado en este país. Eso, claro, es un arma de doble filo. Porque mientras los que la acompañan en la escabechina televisiva son plenamente conscientes de lo que están haciendo, ella se lanza absolutamente inconsciente al ruedo. Sus reacciones y sentimientos son desatados y auténticos, y eso le pasa factura. Sobre todo a sus nervios y a sus niveles de azúcar.

Evidentemente hay mucha gente a la que le gustaría perderla de vista pero, con situaciones como las que se vivieron la semana pasada, lo único que consiguen es encumbrarla. De hecho, creo que el Papa Ratzinger está pensando en beatificarla próximamente. No sólo Jorge Javier le hizo un panegírico digno del funeral de Michael Jackson, sino que su aparición, Kleenex en mano, fue tan over the top, que se acabó metiendo a todo el mundo en el bolsillo. ¡Si hasta llamó la madre de Sandra Palo! Si ya os lo digo yo, de aquí al Vaticano.

GH11

Y por fin ha llegado Gran Hermano, así que el Sálvame tiene ahí todo un barrizal en el que revolcarse. Por supuesto yo me he enganchado, pero como a media España, me gustan infinitamente más los de la casa espía (esa metagranhermanitud que se han sacado de la manga), que los de la Casa 11 oficial, que son todos una panda de garrulos redomados. No es nada a lo que no nos tuviesen ya acostumbrados, pero es que el ganado que han puesto ahí dentro da un miedete importante. Y Merceditas este año se nos viste con frutas y verduras, un primor. No podemos pedir más. Eso sí, que echen ya de la casa al Argentino Bocazas ese que tienen ahí, que a mi querido Yoyas le echaron por mucho menos.

P.S. Acabo de ver que en Tal Cual (Antena 3), acaban de rescatar al descomunal Torito (uno de mis ídolos). Eso es un signo inequívovo de que quieren acercarse a la grandeza de Sálvame. Eso y que todos tienen sus móviles encima de la mesa.

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