Kindred, the embraced

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Gracias a los avances de la cultura digital, he tenido acceso a una joya de esas que voy a guardar como oro en paño y dejaré en herencia a mi nieto favorito. Kindred, the embraced, o Secta de Sangre, como la llamaron en España, fue una de esas series que FOX nos arrebató demasiado pronto, con tan solo 8 episodios emitidos. Otra de las múltiples maravillosidades de esta serie, es que fue producida por Aaron Spelling y Duke Vincent, los reyes del culebronismo del siglo XX. Y lo mejor de todo es que es una serie de vampiros. No, esperad, lo mejor mejor de todo es que la serie se basó en uno de los juego de rol más populares de la época, Kindred, the masquerade. No me diréis que esta combinación no huele a oro puro.

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Uno de los problemas iniciales de la serie, es que su capitulo piloto es un tanto confuso. Es difícil pillar a qué clan vampírico pertenece cada personaje, qué motivaciones tiene cada uno y, por encima de todo, quién narices es el protagonista. Por suerte, a partir del segundo episodio todo queda más claro, principalmente porque se dieron cuenta de que el protagonista no tenía que ser C. Thomas Howell (soso oficial del Brat Pack), sino que el que robaba todas las escenas descaradamente era Mark Frankel. Así que decidieron que el motor principal de la serie no sería el policía que quiere desenmascarar a la secta vampírica, sino el Príncipe de los Vampiros en persona. Y es que Mark Frankel tenía todos los ingredientes para convertirse en uno de los machirulos más famosos de Hollywood y además, como no, Julian, en el fondo, es un vampiro bueno, o sea que él es la ley y si hay que matar se mata, pero no gratuitamente. Pues aquí lo importante es preservar la mascarada (sus tapaderas humanas) y, claro, también el folleteo.

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Y es que, lo que despierta más interés en la serie son las relaciones entre los clanes, sus peleas varias y los escarceos amorosos de Julian Luna, el príncipe de los vampiros de San Francisco. Porque Julian es como Bill Compton en True Blood o Mick St. John en Moonlight, pues se enamora de una rubia espabilada y humana, dispuesta a que él beba de su sangre. En Kindred, la susodicha amante es la gran Kelly Rutherford, quien aparece con unas cejas más oscuras que la noche murciana. Y aunque le cancelasen la serie, la jugada le salió bien, pues Aaron Spelling decidió darle el papel que la hizo famosa, el de Megan Lewis, prostituta de buen corazón en Melrose Place.

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Supongo que en esa época, el mundo todavía no estaba preparado para lo que se comparó a una mezcla entre El Padrino y Melrose Place, porque la serie se vio cancelada abruptamente. De todos modos, Showtime vio el potencial de tamaña locura y quiso retomarla para emitirla por cable, aunque la repentina muerte de Mark Frankel en un accidente de moto vio truncados estos planes. Una pena, señores, por ambos sucesos, claro. Porque la serie tenía mucho potencial, aunque si la veis ahora os puede parecer una locura psicotrópica, pero no mucho más que cualquier serie sobre vampiros, como las que están tan de moda hoy en día.

Os confieso que al revisionar la serie, me vi los 8 capítulos del tirón. A lo loco. Y es que la serie está muy bien para ser de 1996 y, los que añoramos a Aaron Spelling y sus tramas folletinescas, disfrutamos de este tipo de productos de fácil consumición. Y porque Showtime no era lo que es ahora, pero si Mark Frankel no hubiese muerto, seguramente la serie podría haber dejado las calenturas de True Blood a la altura del betún, porque, a mí entender, Frankel y Rutherford son muchísimo estaban muchísimo más buenos que Anna Paquin y Stephen Moyer; dónde vas a parar.

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¿Por qué todas se acaban rajando las venas para que ellos beban de su sangre?

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