Raising de bar, a la old school

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No hace mucho, mi admiradísima Rosa Belmonte escribió sobre esta serie pidiendo un old-fashioned y es que Raising the Bar es un claro ejemplo de la televisión vintage, una serie hecha a la manera clásica, con temas de rancio abolengo y con personajes a la antigua usanza. Al hablar de esta serie, es de las pocas veces que os aceptaría una de esas sandeces como que “esta serie no aporta nada nuevo”. Y es que ahí está el quid de la cuestión, pues es sorprendente no sólo de que hayan dado luz verde a hacer una serie así, si no que, además fuese el estreno más visto de la historia del cable básico.

Y, como no podría ser de otra manera, el creador de la serie tenía que ser de la old-school, uno grande además, Steven Bochco. Y es que tienes que ser muy grande para que te den luz verde a una serie como esta. Y encima que te la renueven. Bochco, padre santísimo creador de los arcos argumentales y los elencos multitudinarios, es el responsable de joyas históricas de la televisión como Canción Triste de Hill Street, La Ley de Los Ángeles o Policías de Nueva York. En una entrevista reciente leí que Bochco estaba ya cansado del tipo de televisión que estaban haciendo las networks y que prefería trabajar con cadenas de cable, ya que estas últimas te ofrecían mucha más libertad creativa y no se doblegaban tanto a las modas en cuanto a los primetime dramas que se están produciendo últimamente. La afortunada de recibir a Steven y a todos los Bochco habidos y por haber fue TNT, que aunque la gente se piense que cadenas de cable sólo son HBO y Showtime.

Es una serie lineal, sin altos ni bajos, ni personajes extraños. Es un drama de abogados de los de toda la vida, con casos normales y con protagonistas hiper-humanos. Por supuesto eso es bueno y malo a la vez. Bueno porque nos ofrece un producto de garantía contrastada y malo, por lo mismo, porque nos hemos acostumbrado a que los dramas no lo sean. Nos hemos acostumbrado a que nos sorprendan, nos hagan sentir tontos, perdidos y cliffhangerados. Sus protagonistas son todos abogados, unos de oficio, otros de la fiscalía y otros intentando ser jueces. Y son súper amigos. Y eso es inverosímil. Como inverosímil es el personaje más pintoresco de la serie, la zorra de la juez Trudy Kessler, interpretada por la grandísima Jane Kaczmareck.

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Otra peculiaridad de Raising the bar, cuya traducción vendría a ser algo así como “ir más allá de los límites” y no Ganando el Juicio, como la ha traducido aquí, es que uno de los protagonistas es Mark-Paul Gosselaar feo. Pero feo del santo copón bendito. Al menos tuvieron el humor lisérgico de reírse de ellos mismos poniendo en su web aquello de “Cámbiale el peinado a Jerry”. Porque no se veía peinado tan horrendo desde que a Nicolas Cage le dio por las pelucas. Y eso es lo más relevante de los personajes de la serie. Eso y la trama del gay enarmariado que se tira a la juez Kessler para ascender. Ya os he dicho que ella era el mejor personaje de la serie.

Así que, a pesar de que la serie es altamente aburrida, yo la seguiré viendo a la hora de desayunar porque me alegro mucho de que sigan creándose series antiguas, de las de toda la vida, con las que ya sabes a lo que atenerte y requieren cero esfuerzo por parte del espectador. Eso sí, de este tipo de series tampoco se puede abusar, pues corres el peligro de caer en una profunda somnolencia si te pasas de la dosis recomendada.

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