The Mentalist

The Mentalist

Con The Mentalist, la CBS sigue con sus dramas procedimentales marca-de-la-casa y da otra vez en el clavo. Mientras que el planteamiento de la serie no representa nada nuevo bajo el sol, la idea funciona y es de las pocas series que ya han sido renovadas para una temporada completa y mantiene buenas audiencias en estos tiempos convulsos para la televisión.

He leído por ahí que calificaban a The Mentalist como una mezcla entre CSI y Psych. Obviamente de CSI tiene las tramas policiales y las investigaciones, como cualquier otro prodecimental, vaya. Y con Psych comparte las habilidades observatorias de su protagonista y su colaboración con la policía. Mientras que se podría decir que The Mentalist sería la versión dramática de Psych, yo simplemente creo que es la serie que rellena el hueco dejado en la parilla de la CBS por la cancelación de Shark. Tiene un ritmo y unas tramas similares y los protagonistas tienen sus propios psico-killer persecutors. Y, a pesar de sus buenos resultados, igual que Shark, The Mentalist es la típica serie que podría funcionar o no. Vamos, que son valores seguros que raramente fallan, pero también son series fáciles de olvidar y reemplazar en un momento dado.

Por supuesto unas de sus bazas principales es Simon Baker, hombre Freixenet y habitual de dramas de la CBS como El guardián y Smith. Este hombre me tiene el corazón robado con sus silencios y sus caras de empanamiento perpetuo. Baker interpreta a Patrick Jane, otrora médium televisivo (a lo Anthony Blake), a quien su arrogancia y falsedad le llevan a pasarse de listo y a que un asesino malvado (Red John) mate a su familia. Traumado por el asunto, Patrick decidé abandonar la farándula y convertirse en mejor persona, ayudando a la policía a resolver los casos más complicados con su ojo clínico. Porque mientras que no tiene nada de vidente, sí que tiene unas capacidades deductivas fuera de lo común y una jeta importante que le lleva siempre a meterse donde no le llaman.

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Por supuesto él siempre tiene razón aunque nunca nadie le haga caso, especialmente su jefa, Teresa Lisbon (Robin Tunney), a quien saca de sus casillas con sus métodos y su prepotencia, pero que está llamada a protagonizar la tensión sexual eterna con el protagonista, que toda serie que se precie necesita. La Tunney nos vuelve a deleitar con sus muecas y su boca de pato después que un tiro en la cabeza nos la arrebatase en Prison Break. Y con ella toda una pléyade de secundarios graciosotes de relleno, encabezados por Owain Yeoman, series-killer británico hermano pequeño de Tito Pullo.

Es la típica serie de relleno que me encanta y me relaja como Bones, la misma Shark y hasta mi añorada Las Vegas, así que la recomiendo encarecidamente a todo aquellos que amáis la televisión sobre todas las cosas y no dedicáis vuestro tiempo de visionado únicamente a gafapastadas y trublosidades varias. Para los de este último sector, os diré que el creador de la serie, Bruno Heller, es uno de los responsables de la grandiosa Roma, así que dadle una oportunidad. Dejad que Simon Baker nos ilumine una temporada más.

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