Donna!!!

Ayer House iba de grinch de la navidad, que lo pintan de verde y Jim Carrey se pone a temblar. Yo a este tío me lo llevaba a Disneylandia, a ver qué narices hace en el lugar más feliz de la tierra. Bueno, mejor no, que Bambi no tiene la culpa de nada.

En fin, yo que huía de los gañidos de los triunfitos, voy y me encuentro con Donna Moss a los cuidados de House. Y no soporto ver a Donna en la cama de un hospital, que me trae malos recuerdos.

Donna Moss

Donna Moss – Janel Moloney

La verdad es que es una alegría encontrarse a Janel Moloney por ahí, porque la chica no se prodiga demasiado, aunque también me temo que difícilmente le darán otro caramelito como el que le ofreció Sorkin cuando decidió que Janel tenía que ser algo más que una “guest star” en The West Wing.

De hecho, la relación Janel-Sorkin comenzó en Sports Night, con un minipapelucho en el que una Janel con tejanos y zapatillas (¿dejan entrar en la Casa Blanca con tejanos y zapatillas?) cantaba la caña a Dan Rydell (Josh Charles – Nuwanda!) por no agradecer apropiadamente el trabajo de las chicas de vestuario. Muy Donna, la verdad.

Sorkin y Schlame le dieron, tiempo después, el papel de la ayudante de Josh en The West Wing, y tardaron 3 nanosegundos del piloto en darse cuenta de que Donna se crecía por momentos, aunque les hizo falta una temporada para enviar al interés sexual primigenio de Josh a Mandyville y poner a Janel en los créditos, con su foto y su todo.

Donna and Josh

Después de C.J., Donna es mi chica preferida de The West Wing, especialmente en lo que yo llamo “los buenos tiempos”, cuando Sorkin aún rondaba por ahí y Donna se empeñaba en salir con republicanos, meterse en líos y perder las bragas, literalmente. Hubiera matado a Josh cada vez que berreaba su nombre como un energúmeno. Suerte que el tiempo pone a todo el mundo en su sitio y en la séptima temporada pasan cosas, por fin.

Así que, si los dioses televisivos, o en su defecto Sorkin, me escuchan, haced el puñetero favor de dar un papel a Janel para que vuelva a lucirse y no tenga que tumbarse en camas de hospital con los ojos inyectados en sangre para que House le diga que no tiene lupus, que bien lo habéis hecho con Joshua Malina, y sabéis perfectamente que no se lo merece.

Ala majos, ahora que ya me he desahogado, me despido con mi momento Donna preferido, el del día en que conoce a Josh (no en el sentido bíblico). Josh, eres un encantador cabrón con suerte.

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