Confesiones. Hoy: Gran Hermano

Vamos a ser sinceros por un día. Quitémonos las gafas de pasta y dejemos la pipa en el cajón. Y no lo digo por mí, claro, pues mis vergüenzas han sido aireadas en público repetidas veces. Los realities nos molan, a todos. Y a mí me divierte inmensamente Gran Hermano.

Amor

La Reina de la casa

Me molesta muchísimo el clasismo televisivo cuando lo que se tiene que fomentar es el amor teligioso global. Hay que saber disfrutar de todo en su momento y confesar las verdades. Ya está muy visto el tema de decir que los documentales de La2 y los Telenoticias de izquierdas son la pera limonera, cuando ya se ha comprobado que tienen menos audiencia que las aventuras de Marujita Díaz.

Si bien es verdad que las últimas ediciones habían perdido fuelle, en gran parte debido al poco homogéneo casting y al destape triquiñueloide de Pepe el azafato, parece que está edición promete. O al menos prometía, antes de la abrupta expulsión del mejor personaje: AMOR.

Maite

“Hola, soy tu hermana”
“Anda, ¡pues dame fuego!

Amor es una chica transexual de 18 años que ha sido la primera expulsada de la casa debiado a lo que yo acusaría de mente cerrada y falsa moral. A parte de ser transexual, Amor es una persona abierta con su sexualidad y envidiablemente liberada. Y eso a la gente no le gusta. Sobre todo a las hiper-mujeres. Pero tras su salida, Amor demostró ser una señora, hecho del que pocas mujeres que han pasado por ese programa pueden hacer gala.

Pero mi cometido hoy no era abogar por los transexuales (como hace Mercedes Milá) ni flagelar a los reaccionarios si no que era reivindicar el derecho a disfrutar de la televisión de la manera que cada uno quiera y confirmar que se puede asistir a la sesión de tarde de la Filmoteca de tu barrio para después irte a tu casa corriendo a ver Gran Hermano, a observar a esas pobres almas de cántaro que se ponen voluntariamente bajo nuestro crítico microscopio y nos dejan reírnos de sus vidas durante unos meses.

Gemelas

“Ah, ¿que sois dos? ¿Y, ahora con cuál me lío?”

Este año, el programa ha tenido a bien no plagar la casa de listos prepotentes, como estaba haciendo los último años, y los nuevos inquilinos son gente que no pretende ser lo que no es. Así es como debe ser y como será más ameno para todos nosotros. Es por ello que puede que la audiencia se resienta a partir de este momento. Porque la casa ha perdido su mejor baza: Amor. Sin duda la más divertida, la más guarrona, la más cañera y, por supuesto, la más educada.

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