Mi reconciliación con Lost

La sangre me hierve muy fácilmente y, si me pilláis bajo el influjo de plutón, además despotrico y pataleo. Afortunadamente, se me pasa rápido y olvido con una facilidad pasmosa las afrentas televisivas pasadas. Vaya, que me he reconciliado con Lost, y no solo porque ya hayan quedado lejos esos capítulos que no le hacían en absoluto justicia, sino porque, entre otras cosas, ha llegado Juliet para devolvernos la esperanza.

Juliet

Dulce y manipuladora, Juliet ama, odia y sufre. A ella también le ha puteado la isla, y se me antojan múltiples razones por las que debería estar infinitamente cabreada. Llegó como científica brillante e ingenua para tres años después seguir siendo brillante, pero mucho menos ingenua, lo que la puede llevar por derroteros que quizás sospechamos o quizás no. Como he vuelto, para mi inmensa alegría, a la lost mood tengo varias teorías al respecto, que no desvelaré aquí, of course.

Juliet

Con mi confianza recuperada en los chicos de la isla, tengo la sana intención de seguir disfrutando de las incógnitas que se planteen aún a riesgo de tener que comérmelas con patatas (plutón debe estar muy, pero que muy lejos). Cruzaré los dedillos para que la cosa siga así, y si lo hace, seguir elucubrando las temporadas que haga falta hasta que ni siquiera recordemos que llegaron a la isla en avión (por todos los dioses, ¿Plutón ha explotado, o qué?).

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