El ala oeste de mi Casa Blanca

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Hacía mucho tiempo que quería escribiros sobre una de mis series preferidas. Creo que no lo había hecho antes, porque me veía incapaz de resumir en poco espacio la grandeza de “El ala oeste de la Casa Blanca”. Yo siempre he sido y seré fan de los que San Aaron Sorkin haga pero, con “El ala oeste de la Casa Blanca” tocó la mano de dios con la punta del dedo meñique.

La serie empieza a mediados del primer año de legislatura de Josiah Bartlet (Martin Sheen) como Presidente de los Estados Unidos y nos va presentando a los miembros de su gabinete. Un grupo de pintorescos demócratas que están aprendiendo a como gobernar un país sin morir en el intento. Por que, no duermen mucho, sus vidas privadas brillan por su ausencia y tienen los nervios un poco crispados. Pero se alimentan de patriotismo y lealtad a la bandera y al Presidente de los Estados Unidos de América.

La idea inicial fue centrar la serie en el personaje de Sam Seaborn (Rob Lowe), una suerte de George Stephanopoulos, director de comunicaciones de la era Clinton. A pesar de que la serie empieza con él, a los pocos minutos nos damos cuenta de que, a pesar de que Sam es muy majete y tal, los demás personajes tienen mucho más carisma que él. Esa primera idea inicial, también era que el presidente apareciese en apenas 4 episodios por temporada, pero a los pocos segundos de aparecer Martin Sheen en pantalla, cambiaron de opinión. Él es el presidente, no hay duda.

Es de esas series en la que me es muy difícil escoger a mi personaje favorito. Dudaría entre C.J. Cregg (Allison Janney), la mordaz y divertida secretaria de prensa. Toby Ziegler (Richard Schiff) el misántropo y contestatario Director de Comunicaciones. Josh Lyman (Bradley Whitford) uno de esos sabiondos sobrados imposibles de odiar. Pero claro, después está el gran Leo McGarry (John Spencer), el jefe de personal. El que les mantiene a todos unidos y a ralla. Incluso al Presidente. Qué gran pareja cómica la que forman Leo McGarry y Jed Bartlet. Y no nos olvidemos de la primera dama, mi siempre adorada Stockard Channing en el papel de Abi Bartlet. Es la fortaleza personificada. Es imposible decidir.

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Las cuatro primeras temporadas de la serie ganaron todos los premios habidos y por haber. Igualaron a “Canción triste de Hill Street” en el record de Emmys conseguidos por un drama. 26, casi nada. Durante las cuatro temporadas que Aaron Sorkin tripuló la nave, fueron indestructibles. Cuando el dúo Sorkin-Schlamme abandonó el proyecto, la serie fue cambiando (y decayendo) poco a poco, pero ya tenía una legión de fans a sus espaldas, que la acompañaron hasta los últimos momentos de su séptima temporada.

Reconozco que me he criado en una familia en la que la política es el pan de cada día, pero creo que nunca antes en televisión, nadie había conseguido acercar a nuestros hogares un tema tan distante y cansino como puede llegar a ser el mundo del politiqueo.

He decidido que, como soy incapaz de resumir en cuatro líneas todo lo que he vivido con “El ala oeste de la Casa Blanca”, voy a declarar el mes de El ala oeste. Así, voy a ir incidiendo poco a poco en los detalles más relevantes para que, los incautos que aún no se hayan enamorado de la serie, vayan descubriendo su grandeza.

¡Bartlet for América! Stay tunned…

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